Encerrados en una monotonía quedamos la mayoría de nosotros. Un día, otro día y otro día más haciendo lo mismo. Y encima tenemos la decencia de quejarnos.
Has conseguido encerrarte dentro de mi corazón. No hay puerta de salida para ti. No sé que habrás hecho para quedarte, ni si tienes víveres para alojarte por mucho tiempo allí dentro.
Dejando un camino, casi terminado, para la llegada del blanco del invierno, el otoño nos expone grandes espectáculos de paisajes donde se ve, el poco verde que queda aún y una variada tonalidad de marrones que hacen de esta estación una bonita fotografía.
La crisis económica afecta a los bolsillos de la ciudadanía, imposibilitada a hacer frente a los compromisos de sus hipotecas. Los desahucios se generalizan, destrozando numerosas vidas. Muchas personas no ven otra salida y la avaricia financiera acaba con resultado de muerte.
Estaba sola. Bueno, no tanto. Me acompañaba el ruido que hacía el agua al romper a mi lado y el sonido de la tranquilidad que dejaban en el aire los pájaros que merodeaban por allí.
Todos los días despierto con ganas de que el cielo se decida a mandarme agua. Cuando lo hace, se nota en mí una gran alegría. Me suelo dar un buen atracón cuando pasa. Así es como crezco, como consigo darme vida a mí y al dueño al que pertenezco.
Soy la única responsable de dar uso a mis piernas, gastarlas con el tiempo hasta cansarse. Por tanto, nunca debo dejarlas paradas insensatamente, sino hacerlas conocer mundo hasta que pongan junto al resto de mi ser el fin de mi historia.